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lunes, 26 de abril de 2010

Coherencia

extraído de una charla para padres realmente coherente
Coherencia

Es el valor que nos hace ser personas de una pieza, actuando siempre de acuerdo a nuestros principios.
Coherencia es la correcta conducta que debemos mantener en todo momento, basada en los principios familiares, sociales y religiosos aprendidos a lo largo de nuestra vida.

Con este valor somos capaces de cumplir con mayor eficacia nuestras obligaciones, pues hace falta ser honesto y responsable; en nuestras relaciones personales es indispensable para ser sinceros, confiables y ejercer un liderazgo positivo; para nuestra persona, es un medio que fortalece el carácter y desarrolla la prudencia, con un comportamiento verdaderamente auténtico.

En primera instancia, el problema de vivir este valor es que somos muy susceptibles a la influencia de las personas y lugares a los que asistimos; por temor callamos, evitamos contradecir la opinión equivocada, o definitivamente hacemos lo posible por comportarnos según el ambiente para no quedar mal ante nadie. No es posible formar nuestro criterio y carácter, si somos incapaces de defender los principios que rigen nuestra vida. LO MEJOR ES MANTENERSE FIRME, AÚN A COSTA DEL CARGO, OPINIÓN O AMISTAD QUE APARENTEMENTE ESTÁ EN JUEGO.

Una madre con varios hijos a los que adora y estando felizmente casada, se encontraba en la reunión de los miércoles con sus amigas, cada sorbo de café se acompañaba de comentarios a favor de la familia pequeña (matrimonio, con un hijo o sin él). Nunca en su vida se había visto tan incómoda, sin palabras ni objeciones, avergonzada... ¿Por qué callar? ¿Por qué no defender sus convicciones y lo que representa la razón de su vida? No se trata aquí de discutir sobre el motivo del diálogo, sino de la actitud, de la pasividad con que enfrentamos los temas álgidos, los importantes y los superfluos. ¿De cuántas cosas nos avergonzamos sabiendo que son correctas?

Lo mismo sucede con los compañeros de la universidad y sus “aventuras” a veces riesgosas; al disimular ante los negocios poco transparentes que se dan en una empresa; ante la infidelidad de nuestras amistades hacia su pareja... Debemos ser valientes para superar el temor a ser señalados como extraños, anticuados o retrógradas, porque un carácter débil inspira poco respeto y jamás lograremos demostrar la importancia de vivir de acuerdo a unos principios y valores.

Podemos suponer que actuando en base a nuestras propias convicciones basta para ser coherentes, pero existe el riesgo de adoptar una actitud traducida en un “soy como soy y así pienso”. Efectivamente, la coherencia exige esa firmeza y postura, pero se necesita un criterio bien formado para no caer en la obstinación.

Todo indica que en algunos momentos exigimos coherencia en los demás: recibir un justo salario, colaboración por parte de los compañeros de trabajo, que nos procuren atenciones en casa, la lealtad y ayuda de los amigos. Pero esto debe llevarnos a reflexionar si trabajamos con intensidad y en equipo, si correspondemos con creces a los cuidados que recibimos en casa, si somos leales y verdaderos amigos de nuestros amigos.

Siempre debemos estar conscientes que la coherencia hasta cierto punto es flexible. Por una parte es aprender a callar y ceder en las cosas sin importancia; pero en circunstancias en las que el prestigio y la seguridad de las personas, la unidad familiar o la estabilidad social están en juego, se tiene la obligación de enfrentar la situación para evitar un daño a los derechos de los demás. Este es el motivo por el cual, el ejercicio de la prudencia es determinante, para saber actuar acertadamente en cualquier circunstancia.

¿Qué se necesita para ser coherentes, voluntad o conocimiento de los valores? En estricto sentido, ambos. Voluntad para superar nuestro temor a ser “diferentes” con el implícito deseo de ser mejores y ayudar a los demás a formar los valores en su vida. Con el conocimiento, hacemos más firmes nuestros principios, descubriendo su verdadero sentido y finalidad, lo que necesariamente nos lleva a ejercitarnos en los valores y vivirlos de manera natural.

Para la práctica y vivencia de este valor puedes considerar:

- Examina si tus actitudes y palabras no cambian radicalmente según el lugar y las personas con quien estés. Que en todo lugar se tenga la misma imagen y opinión de ti.

- Piensa en la coherencia que exiges de los demás y si tu actúas y correspondes, al menos, en la misma proporción

- Se prudente para elegir amistades, lugares y eventos. Así no tendrás que esconderte, mentir y comportarte en forma contraria a tus principios.

- Evita hacer trampa o cumplir con tus obligaciones a medias. Aunque sea lo más fácil y nadie se percate de ello por el momento.

- Procura no ser necio. Considera que algunas veces puedes estar equivocado, escucha, reflexiona, infórmate y corrige si es necesario.

- Evita discusiones y enfrentamientos por cosas sin importancia. Si hay algo que defender o aclarar, no pierdas la cordura. Serenidad, cortesía y comprensión

La experiencia demuestra que vivimos con mayor tranquilidad y nuestras decisiones son más firmes, al comportarnos de manera única; que a la larga, todos aquellos que alguna vez se burlaron de nuestros principios, terminan por reconocer y apreciar la integridad de nuestra persona. Por este motivo, la unidad de vida aumenta nuestro prestigio personal, profesional y moral, lo cual garantiza incondicionalmente la estima, el respeto y la confianza de los demás.

Carta al Papa Benedicto XVI.

Después de responderme varias preguntas y navegar un buen rato encontré esta carta la comparto para saber su opinión.
Carta al Papa Benedicto XVI: laicos piden dos modelos de sacerdocio; celibatario y casado
Curas casados
Universidad de Unisinos
3 Octubre 2007
Laicos católicos, después de leer el libro de Carlos Mesters, fraile carmelita, biblista de renombre internacional, escriben una carta abierta al Papa Benedicto XVI pidiendo la implantación de dos modelos de sacerdocio: a) celibatario, y b) casado, con normas canónicas específicas para cada estado; la implantación del sacerdocio femenino, con dos modalidades: a) celibataria, y b) casada, con normas específicas para cada estado, y la reintegración, en el servicio a la Iglesia, de los sacerdotes ya casados y aún vocacionados.
La carta se ha publicado en el Jornal ‘Folha de S. Paulo, 28-09-2007 con una introducción firmada por Carlos Alberto Roma, graduado en gestión pública y posgraduado en contraloría pública, y ex-seminarista franciscano.
He aquí la introducción y la carta:
“Crece nuestra insatisfacción, en cuanto laicos católicos, con la insensibilidad de la jerarquía de nuestra Iglesia que está en el Vaticano.
La cuestión de fondo es la explícita falta de coraje para dar los pasos necesarios para colocar a la Iglesia en el siglo XXI, especialmente abriéndose a los laicos.
Hacemos un curso de actualización teológica. Somos 110 laicos. Después de reflexionar sobre la práctica y el coraje de Jesús ante la religión de su tiempo, teniendo como texto de profundización el libro “Con Jesús en la “, de frei Carlos Mesters, decidimos redactar una carta al papa Benedicto XVI y a toda la Curia Romana:
Estamos cada vez más motivados en servir a Dios por medio de nuestra Iglesia. A pesar de eso, estamos sufriendo mucho, porque los sucesivos padres que actúan en nuestra parroquia tienen un problema grave: por más que motiven a la juventud actual, ésta no se siente entusiasmada a entrar en el seminario para servir como sacerdote. Estamos tratando también de conocer ese problema en el viejo continente y verificamos que la situación es aún más grave.
Nosotros, laicos, pedimos disculpas por el atrevimiento de enviar esta correspondencia directamente para Su Santidad, sin pasar por las instancias competentes. Este asunto es muy delicado y las instancias locales no están autorizadas a debatirlo. Solicitamos que se abra ese debate. En nuestras celebraciones dominicales, hemos preguntado a hermanas y hermanos de la parroquia y constatamos que más del 95% entienden que nuestra Iglesia precisa dar nuevos pasos.
Brasil tiene la menor proporción de padres católicos del mundo, de acuerdo con el Centro de Estadística Religiosa e Investigaciones Sociales. Cuando en Brasil hay 18.685 padres (1 por cada 10.000 habitantes), en Italia hay uno para cada 1.000 habitantes. En América Latina, el problema es también evidente. Argentina tiene 1 sacerdote por cada 6.800 habitantes, y en Colombia 1 por cada 5.600 habitantes. La media de México, el segundo mayor país católico del mundo, es la que más se aproxima a Brasil: 1 sacerdote para cada 9.700 habitantes.
Con la gran falta de padres, confirmada en pesquisas realizadas en todos los países del mundo, nos preguntamos: por qué no reconocer el sacerdocio casado, el sacerdocio femenino y reconducir a los padres casados al servicio de la Iglesia?
Sabemos que, a lo largo de la historia, 39 papas estuvieron casados. El primero fue el apóstol Pedro (Lucas 4, 38-39).
Según investigaciones del Centro de Estadística Religiosa e Investigaciones Sociales publicada en 31/1/06, existen en Brasil cerca de 5.000 padres casados y sin el derecho de ejercer su sacerdocio. La mayoría siente palpitar fuertemente su corazón en la vocación para el sacerdocio. Eso no es un acto violento con el Señor de la Vida, que envió misioneros para el trabajo?
Los padres católicos tenían permiso para casarse en el primer milenio de la era cristiana. Fueron los dos primeros Concilios de Letrán, en 1.123 y 1.139, que instituirían el celibato sacerdotal y abolirían el matrimonio de sacerdotes. Los tiempos actuales llaman a que hagamos una valiente revisión y cambiemos nuestros paradigmas.
Solicitamos que Su Santidad cree una comisión, también compuesta por laicas y laicos, para profundizar y solucionar cuatro cuestiones:
1) Implantación de dos modelos de sacerdocio: a) celibatario, y b) casado, con normas canónicas específicas para cada estado;
2) la implantación del sacerdocio femenino, con dos modalidades: a) celibataria, y b) casada, con normas específicas para cada estado,
3) la reintegración, en el servicio a la Iglesia, de los sacerdotes ya casados y aún vocacionados.
4) revisar la situacion de los cristianos casados en segunda unión y su participación en la eucaristía.
Ante las reflexiones arriba recogidas, nos sentimos interpeladas e interpelados a la participación igualitaria en el caminar de la vida eclesial, especialmente con su futuro. Deseamos expresar nuestros pensamientos y expectativas, afirmando ser fundamental que la jerarquía de la Iglesia oiga nuestro clamor.
¿La jerarquía de nuestra Iglesia Católica va a continuar indiferente? ¿O va a abrirse al Espíritu Santo y dar un paso al frente? No podemos retrasar aún más este debate. ¿Nos falta, quién sabe, “voluntad eclesial”, o “decisión política”?
Proponemos a todos los cardenales, obispos, sacerdotes, laicas y laicos que trabajan en los movimientos de pastorales para que abran el debate en sus espacios y hagan una discusión, bien profundizada, sobre los temas anteriores. Nuestro grupo de laicas y laicos tiene la página web:
www.softline.com.br/leigoscatolicosnacontramao.
Invitamos a todos los laicos y laicas que sienten el vigor profético a entrar en este debate. “